Negocios

Una industria globalizada

Las cadenas de valor globales gozan de buena salud a pesar de los efectos de la crisis económica

  • Pelayo Corella, 26 de Junio de 2019
  • 1 min de lectura
Cadena de valor
Foto: Jirehg

Se ha hablado tanto de los estragos que ha provocado la crisis económica en la industria en Occidente que es necesario tener una visión amplia de los efectos desencadenados a partir de 2007. En materia industrial, la globalización no cabalga con la fuerza de antaño, pero al menos no hay frenazo.

Un reciente informe, el Global Value Chain Development Report 2019, realizado por diversos organismos e instituciones internacionales como la OMC y la OCDE, apunta a que, si bien el crecimiento de las cadenas de valor globales se ha ralentizado fruto de la crisis financiera de 2008, éste no se ha detenido, pues crecieron más que el PIB mundial en 2017.

Uno de los mantras que sectores occidentales han visto como perniciosos en los últimos 25 años ha sido la pérdida de puestos de trabajo industriales que no han sido sustituidos por otros de mayor valor añadido. Así pues, un segmento no pequeño de las clases medias occidentales se sienten perdedores en esta dinámica globalizadora, deslocalizadora y de constantes subcontrataciones industriales que ha desplazado la producción a países emergentes.

«Las cadenas de valor globales gozan de buena salud a pesar de los efectos de la crisis económica»

En este sentido, el estudio es optimista y considera que la expansión de las cadenas de valor mundiales “no ha contribuido de manera significativa en la disminución de los empleos en la industria en las economías avanzadas”. Antes al contrario, “las ganancias de empleos han compensado las pérdidas de empleos en la manufactura”.

No obstante, lo que sí reconoce el informe es que todos estos cambios han transformado las estructuras empresariales y sociales de no pocas regiones, así como de los trabajadores que allí viven y que el impacto ha sido mayor o menor en función del grado de especialización y de formación de los trabajadores, especialmente en países desarrollados. Una manera velada de reconocer el impacto que la deslocalización industrial ha tenido en según qué segmentos poblacionales. Por eso mismo, el propio estudio reconoce la necesidad que los Gobiernos apliquen medidas correctoras y redistributivas para minimizar ese impacto.

El estudio, eso sí, reconoce la oportunidad que el desarrollo de las cadenas de valor global han supuesto para los países en desarrollo y su integración en la economía global. Una integración que se ha reforzado por el aumento de la demanda mundial, especialmente por la creciente demanda procedente de las incipientes clases medias de esos países.

Ahora bien, el estudio deja abierta una incógnita: la aplicación de las nuevas tecnologías como la robótica y los macrodatos, además de suponer una oportunidad para las pequeñas y medianas empresas, puede suponer una reducción en la longitud de las cadenas de suministro. Es decir, las nuevas tecnologías, unidas a las técnicas de impresión, pueden reducir la deslocalización y ahondar en una relocalización que lo cambiaría todo o, por contra, reforzar la dispersión de la producción aún más al reducirse los costes de ensamblaje. Una duda que deja abierto el panorama industrial mundial en el corto y medio plazo y que, si cabe, añade más incertidumbre a un mundo ya de por sí bastante anárquico y desquiciado.

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