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La Comisión Europea

  • Joan Pere Plaza, 10 de Agosto de 2020
  • 3 mins de lectura
Comisión Europea
Ursula Von der Leyen, actual presidenta de la Comisión Europea con Charles Michel, presidente del Consejo de Europa. / Font: El Temps (Europa Press)

En un elocuente juego de palabras que hizo fortuna y ha pasado a formar parte del lenguaje de los que nos dedicamos a estudiar el sistema político de la Unión Europea, en 1985, Jacques Delors, Presidente de la Comisión Europea, definió el proyecto de integración europeo como un OPNI, un Objeto Político No Identificado.

De hecho, la idea de Delors era que si el proyecto de integración seguía adelante, gracias en buena medida a la Acta Única Europea que se estaba negociando y que iba a suponer la primera gran modificación de los tratados constituyentes, en treinta o cuarenta años a contar desde su firma, la integración iba a convertirse en ese OPNI, pues resultaba imposible definir su diseño y su funcionamiento a priori. En cualquier caso, para Delors, ese OPNI iba a constituir una unidad política que concedería a los estados miembros un efecto de dimensión que les permitiera prosperar en el interior y de mantener sus capacidades en el exterior.

Pasados esos treinta o cuarenta años, y viendo lo que desde entonces ha acontecido, la razón parece caer del lado de Delors, pues la Unión Europea hace gala de esa definición que el político francés evocó por primera vez.

Sea como sea, si nos visitara un OVNI de los de verdad (de los de forma oval, colores metálicos brillantes y velocidad supersónica) y sus tripulantes, en un alarde de curiosidad e interés por nuestro mundo, nos pidieran una descripción de nuestras instituciones políticas, es posible que aquella que más difícil resultaría de describir fuera precisamente la que presidió Jacques Delors entre 1985 y 1995, la Comisión Europea.

En efecto, si la propia Unión Europea es por sí misma compleja y difícil de describir, la Comisión Europea es, a su vez, la institución comunitaria más complicada de presentar, sin la tentación de recurrir a categorías analíticas creadas ad hoc y que la incluyan a ella sola. Tanto es así, que para referir y descomponer la naturaleza y las funciones de la Comisión Europea a esos eventuales visitantes intergalácticos, resultaría mucho más fácil contarles qué no es la Comisión Europea, en lugar de tratar de explicarles lo que realmente es.

Cabría enfatizarles dos elementos. En primer lugar, la Comisión Europea no es un mero cuerpo administrativo (incluso el Secretariado) de una organización internacional (como la FAO o la OMS, más conocida que nunca desde la irrupción de la pandemia de la COVID-19, hace ahora unos meses). Y no lo es porque la Unión Europea no es propiamente una organización intergubernamental como las mencionadas anteriormente y también porque la Comisión cumple muchísimas más funciones que estos secretariados. En segundo lugar, la Comisión tampoco es el Gobierno de un sistema federal (como el de Alemania, Estados Unidos, Brasil o Nigeria). Y no lo es porque la Unión Europea no es una federación y porque, entre otras muchas cosas, ni la composición de la Comisión Europea, ni su liderazgo, responden al resultado de unas elecciones, por lo menos de forma directa e inmediata, como ocurre en esas federaciones o en cualquier otro sistema democràtico representativo.

Comisión Europea Delors

Imagen de archivo de Jacques Delors, presidente de la Comisión Europea de 1985 a 1995. / Foto: Le Temps

No obstante, la Comisión Europea presenta rasgos de estos dos órganos. Por un lado, sí constituye un órgano administrativo permanente de la Unión Europea (de hecho, mucho más desarrollado que el de las organizaciones internacionales al uso, con una carrera funcionarial muy pautada y exigente). Cabe notar, no obstante, que otras instituciones comunitarias como el Parlamento y el Consejo, por ejemplo, cuentan también con sus propios órganos administrativos, pero sin comparación con la musculatura de los de la Comisión. Por otro lado, la Comisión Europea, igual que los gobiernos nacionales, tiene una función principalmente ejecutiva (implementar las leyes, no producirlas), aunque con la particularidad de ser también el origen de toda iniciativa legislativa en la Unión Europea. Ese rol se ha podido observar también en los últimos meses en el papel central que ha sido reservado a la Comisión en el llamado plan “Nueva generación UE” que busca convertirse en un gran plan de recuperación económico tras el impacto de la pandemia de COVID-19.

En síntesis, esos visitantes intergalácticos deberían poder comprender pues que habían aterrizado en un entorno institucional sumamente complejo y sensible a los equilibrios de poder que representa cada institución comunitaria. Sin olvidar que la actual Comisión Europea es la heredera de la Alta Autoridad de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, la organización internacional que inauguró el proceso de integración europeo a la conclusión de la Segunda Guerra Mundial, lo que obliga a conferir a todo análisis una perspectiva histórica ineludible.

La duda es si, tras tanta explicación, estos alienígenas decidirían quedarse entre nosotros o embarcar de nuevo en sus OVNIs y, sin más dilación, regresar a su galaxia de origen.

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