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Entendiendo la sostenibilidad económica

  • 9 de Enero de 2020
  • 1 min de lectura
Sostenibilidad económica
Foto: Pexels.com (Singkham)

La palabra economía proviene de la palabra griega “oikonomos”, que significa administración (“nemein”) del hogar (“oikos”). Así pues, tiene mucho que ver con nuestro día a día y con las acciones que realizamos y cómo éstas afectan a nuestro entorno. Si a esto le sumamos el concepto de sostenibilidad, ¿qué obtenemos?

El desarrollo sostenible constituye la máxima prioridad de la comunidad internacional y el objetivo central de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), oficialmente conocidos mediante la agenda para “Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible” de Naciones Unidas. En la actualidad, según la organización, se han logrado grandes avances en la consecución de los ODS en muchos ámbitos, pero aún estamos lejos de alcanzar los Objetivos. Es por ello que el recién estrenado 2020 marca el inicio de una década de acción ambiciosa para alcanzar los 17 ODS. Para lograrlo, en el núcleo central de los ODS se encuentran los tres pilares de la sostenibilidad: el ambiental, el social y el económico. Y este último es, precisamente, el que hoy nos ocupa.

Los ODS contemplan desde la eliminación de la pobreza hasta combatir el cambio climático, la educación, la igualdad de la mujer, la defensa el medio ambiente o el diseño de nuestras ciudades. Se trata de objetivos integrales en los que la economía no se puede separar de la sociedad sino que debe servir para apoyar a sus objetivos y contribuir a mejorar el bienestar humano gestionando de manera justa y sostenible los recursos limitados del medio ambiente. Por ejemplo, para conseguir un desarrollo económico sostenible, los ODS instan a las sociedades a crear las condiciones necesarias para que las personas accedan a puestos de trabajo de calidad, estimulando la economía sin dañar el medio ambiente.

Pero, ¿qué implica exactamente la sostenibilidad económica? En primer lugar, este enfoque se centra no solo en la productividad y la competitividad, sino también en el apoyo e inversión en ámbitos prioritarios como la investigación, el desarrollo y la innovación; para asegurar un crecimiento sostenible y en equilibrio. De esta forma, dejamos de hablar del crecimiento económico, que supone un aumento cuantitativo, y nos centramos en el desarrollo económico, que supone la mejora de las cualidades. Este desarrollo, además, debe ser sostenible en el tiempo desde un punto de vista ambiental, social y económico.

En el marco de la sostenibilidad, este enfoque apuesta también por la eficiencia de los recursos, utilizando los recursos naturales escasos con precaución. Además, promueve la sustitución gradual de los recursos no renovables por recursos renovables (que no deben utilizarse a un ritmo superior a su generación).

Así, la sostenibilidad económica se nos presenta como el camino a seguir para responder a las necesidades sociales e impulsar objetivos sociales y medioambientales, fomentando, por ejemplo, el comercio justo, la energía renovable, una gestión de los residuos adecuada o formas de producción y consumo con baja emisión de carbono, entre otros.

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