Investigación

Una batalla de mentes científicas

La IIGM fue testigo de una gran cantidad de innovación científica y técnica con fines políticos

  • Llúcia Ribot, 5 de Septiembre de 2019
  • 2 mins de lectura
Ciencia y tecnología en la Segunda Guerra Mundial
Foto: Cuerpo de Señales del Ejército de EE.UU. usando una placa de trazado de radar. Rastrean aviones en el cuartel general del primer comando de Numea, Nueva Caledonia. 1943. Shutterstock

La historia contemporánea deja en sus anales uno de los eventos más significativos e influyentes del siglo XX: la Segunda Guerra Mundial (IIGM), cuando la ciencia y el desarrollo tecnológico militar se institucionalizó, por primera vez, a gran escala.

No era la primera vez que la ciencia, las matemáticas y la innovación tenían un papel en un conflicto bélico. La Primera Guerra Mundial, un período igualmente trágico en la historia, catalizó muchos avances en química, medicina y tecnología que nos acompañan hasta la fecha. Pero, ninguna guerra anterior se vio tan influida por el desarrollo tecnológico como la Segunda Guerra Mundial. Gran parte de la innovación, resultado de los programas de investigación de tiempos de guerra, encontró usos civiles después del conflicto y está presente en las tecnologías que utilizamos hoy en día.

Las mentes más brillantes de ambos bandos se pusieron a trabajar al servicio de sus estados. Fueron muchos los profesores universitarios, investigadores e ingenieros que se involucraron en el proceso de innovación de armas, el desarrollo de sistemas de telecomunicación o nuevos medicamentos. El éxito en las contribuciones científicas y técnicas a la Segunda Guerra Mundial, como muestra la historia, fue posible gracias al fomento de una estrecha colaboración entre científicos y militares.

Innovación y desarrollo

Como recogió el autor e historiador militar Guy Hartcup, en su obra “The Effect of Science on the Second World War”, las dos décadas anteriores al estallido de la Segunda Guerra Mundial, en septiembre de 1939, fueron testigo de una intensa actividad en la ciencia que había de tener un impacto en la guerra. Por ejemplo, se desarrolló la radio de onda corta y ultracorta para hacer radiodifusión a grandes distancias, que jugaría un papel fundamental en la contienda. También se estudiaron nuevos combustibles como el oxígeno líquido y el peróxido de hidrógeno, que proporcionaría energía para cohetes y submarinos.

Asimismo, científicos estadounidenses y británicos comenzaron a medir las características de la ionosfera, que permite que la atmósfera superior refleje las ondas de radio emitidas desde la superficie terrestre, lo que posibilita que estas puedan viajar. Estos pasos prácticos sentaron las bases hacia la creación del radar en el que ya se habían realizado algunos experimentos primitivos. La tecnología del radar (acrónimo de Radio Detection And Ranging), que es la capacidad de usar ondas de radio para detectar objetos a distancia, se desarrolló durante la Segunda Guerra Mundial para detectar aviones enemigos y fue fundamental para los aliados.

En los años posteriores a la guerra, en medicina, se inició la investigación médica sobre sulfonamidas (un tipo de quimioterápicos) y se descubrió accidentalmente la penicilina. Pero la penicilina no se explotó hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando su producción masiva permitió reducir de forma drástica la incidencia de gangrena gaseosa (mionecrosis clostridiana, miositis clostridiana o gangrena).

En el campo de la física, se logró la desintegración artificial del átomo en 1919, seguida por el descubrimiento de la tercera partícula fundamental, el neutrón, en 1931. Ya empezada la guerra, el descubrimiento de que la división del átomo de uranio liberaría suficiente energía para explotar una bomba cambió la historia. La bomba atómica absorbió las energías de los científicos más eminentes y por eso la guerra cambió irreversiblemente. Cuando el ejército americano lanzó las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, provocó un desastre de proporciones desmesuradas y el principio de la crisis nuclear.

Con todo, los avances en ciencia y desarrollo tecnológico de la guerra fueron claves, no solo para la victoria del bando aliado y como un componente crítico en la planificación de operaciones militares importantes, sino también para sentar las bases de la electrónica moderna y poder disponer de sistemas de navegación por radar. Además, el trabajo de las mentes científicas más brillantes permitió el desarrollo de las telecomunicaciones y la creación de medicamentos o vacunas, nuestra mejor herramienta para prevenir algunas enfermedades infecciosas.

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