Negocios

Eurovisión 2019, un arma de doble filo para Israel

La edición más polémica de los últimos años

  • Martí Rubira, 18 de Abril de 2019
  • 3 mins de lectura
Martí Rubira, alumni del GNMI durante su visita a Israel / Foto: Martí Rubira

El próximo 18 de mayo se celebrará en Israel la sexagésima cuarta edición del festival de Eurovisión. A falta de un mes, seguimos descubriendo detalles del festival de música que cuenta con la mejor tecnología audiovisual y con el presupuesto más elevado del mundo.

La victoria de Netta Barzilai el año pasado ha convertido a Israel en el país anfitrión de esta próxima edición. Desde que se supo y durante este año de preparativos, ha sido tema de debate que un país como Israel, que está en conflicto con el pueblo palestino, acoja un evento internacional de tal magnitud. Tampoco ayudó a calmar los ánimos el hecho de que dos días después de la victoria de Netta el ejército israelí matara a 62 palestinos en Gaza.

El año pasado tuve la suerte de vivir Eurovisión de cerca y me pude hacer una idea más clara de lo que era y lo que significaba. Estuve trabajando en un documental donde seguíamos a los representantes de España, Alfred y Amaia, en todo el proceso de representación del festival.

Eurovisión no es sólo un festival musical que dura una semana. Durante meses se hacen fiestas de promoción por los distintos países participantes, las llamadas “Europarties”. Así se promocionan no solo las canciones, sino también las ciudades y países anfitriones. Una de estas fiestas, casualidades de la vida, se celebró en Israel y fuimos a cubrir el evento.

Cuando me lo propusieron me pareció una idea brillante, todo lo que sabía hasta el momento de Israel como país se alejaba mucho de los valores de libertad, inclusión y tolerancia que quiere transmitir Eurovisión. Represión, conflictos y grupos radicales de ultraderecha es lo que me venía a la cabeza. Pero es cierto que una vez allí, te das cuenta de que dentro de un mismo país conviven realidades muy distintas dependiendo de la zona en la que estés.

Tras una semana acompañando a la delegación española, me di cuenta de que todo es muy seguro y tranquilo. Cuando llegue el momento del festival, llevarán a las distintas delegaciones en grupos constantemente vigilados y dirigidos. Van a visitar los sitios más emblemáticos del país (el Muro de las Lamentaciones, el Santo Sepulcro, etc.). Igual que hicimos nosotros. Las medidas de seguridad van a ser abrumadoras, de esto no cabe duda, ya que se juegan mucho más que una buena posición en Eurovisión. Estamos hablando de una exposición a nivel mundial.

Tel Aviv y Jerusalén son totalmente distintas. Visité ambas ciudades y nada tiene que ver la una con la otra. Jerusalén es la cuna de la religión, tiene una gran comunidad de ultraortodoxos judíos y defiende valores muy tradicionalistas. Tel Aviv en cambio, es donde están la mayoría de embajadas en el país (excepto la de EE.UU.), tiene una población de izquierdas moderna y acoge uno de los mayores Prides del mundo. Esto nos lleva a un punto importante de debate. ¿Dónde se debería celebrar el festival? A ojos internacionales estaba muy claro que Tel Aviv era el sitio idóneo: buena reputación internacional y una ciudad moderna y abierta al mundo. Y así lo decidió el organismo internacional encargado de la organización y gestión del festival, la Unión Europea de Radiodifusión.

Muro de las lamentaciones, Jerusalén. / Foto: Martí Rubira

El Festival de Eurovisión ya se celebró en Israel en dos ocasiones anteriores, en 1979 y en 1999. Y la sede fue Jerusalén. ¿A qué se debe este cambio de localización? ¿Qué ha sucedido para que este año se decida celebrar en Tel Aviv? El conflicto entre Israel y Palestina se ha acentuado los últimos años, ha habido un crecimiento de la ultraderecha y grupos religiosos radicales y el estado cada vez se aleja más del laicismo. Así lo ha demostrado con la aceptación de leyes como la ley de la Nación, aprobada recientemente, que declara los asentamientos judíos de interés nacional, elimina el árabe como idioma oficial y establece el calendario hebreo como el estatal. Todo esto ha dejado en evidencia al país y, si bien buscaban mejorar su imagen, de momento ya han conseguido que internacionalmente Jerusalén sea rechazado.

El gobierno israelí defendió Jerusalén y otras ciudades como Eilat para convertirlas en sedes del festival. Se quería hacer en Jerusalén como campaña de promoción, ya que no está reconocida internacionalmente como capital por muchos países. Al fin y al cabo, a Israel se le presentó la oportunidad de acoger a representantes de 42 países y proyectar mundialmente lo seguras que son estas ciudades que diariamente salen en prensa internacional y no precisamente haciendo promoción turística de ellas. Son ciudades con un turismo religioso estable, pero que quieren aumentar el turismo de masas. El mundo entero podrá ver que no se escuchan bombardeos ni se ven cadáveres por el suelo, aunque esto no evita que, a 50 km, en la frontera, diariamente el ejército israelí se esté cobrando vidas de palestinos.

La religión es otro tema que envuelve a Israel, el país judío por excelencia. El Sabbat, sexto día de la semana, es el día de descanso y enriquecimiento espiritual de los judíos. Se destina el día a las plegarias y al reposo, y justo es el día de la final del festival ¿Cómo un país tan devoto puede acoger un festival de tal magnitud celebrado el día de descanso de los judíos? Está claro que, si la fe mueve montañas, el capitalismo mueve cordilleras, pues ya se han asegurado de reforzar todos los puestos del festival para que a nadie le falte de nada. Este ha sido otro motivo para la elección de Tel Aviv como sede del festival. Tiene una población menos radical y por lo tanto el sabbat deja de ser un tema tan estricto.

El festival va a transcurrir sin incidencias, aunque distintas organizaciones van a seguir señalando y boicoteando esta edición para expresar su apoyo a los palestinos. Mundialmente se dará visibilidad al país, sobre todo a nivel turístico. Israel tiene una muy buena industria del entretenimiento audiovisual y la organización del festival seguro que no va a dejar a nadie indiferente. Pero todos estos beneficios van a durar poco tiempo, tal y como ha pasado con otros países en otras ediciones, tienen un efecto a corto plazo. Además, el festival ha puesto a Israel en el punto de mira internacional, a parte de los beneficios que esto pueda conllevar a nivel económico y turístico, ha dejado ver las grandes discrepancias por parte de muchos países sobre sus políticas y actos. Eurovisión es, en definitiva, un arma de doble filo.

También te puede interesar