Bioinformática

Rubén Molina, alumno BDBI

“Me encanta poder hacer predicciones sobre enfermedades que quiero curar”

  • Rubén Molina, 7 de Noviembre de 2018
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Imagen: Estructura del receptor de la molécula de insulina.

El estudiante de tercer curso del Grado en Bioinformática, meses antes de graduarse, describe su visión sobre una ciencia muy joven, pero con un gran potencial y muchas aplicaciones prácticas.

Terminé el grado en Bioquímica y Biología molecular y me di cuenta que, actualmente, la mayoría de experimentos ya están hechos. Lo que hemos obtenido a partir de ellos es una cantidad de datos enorme a la espera de que alguien los descifre y encuentre las respuestas. Este fue el detonante de mi interés por la Bioinformática o Biología Computacional.

Hasta ese momento había oído hablar de Biología, Bioquímica, Microbiología, Biotecnología… Todas ellas disciplinas encargadas del estudio de la vida. No obstante, a día de hoy, podemos sumar una nueva: la Bioinformática. Pero ¿qué es? Y ¿para qué sirve?

Nuestro cuerpo está constituido por células. Dentro de estas células encontramos el ADN que tiene genes y estos genes tienen la información que el cuerpo necesita para crear proteínas que son las encargadas de dar ciertas características y funciones al cuerpo. Por ejemplo, cuando tomamos el sol, se activa el gen que produce la proteína llamada Melanina. Esta proteína es la que tiene el color marrón y nos colorea la piel (gen > proteína > función).

Gracias a las disciplinas citadas al principio, se obtienen una gran cantidad de datos, hasta el punto en que las máquinas hacen análisis más rápidos y más precisos que cualquier biólogo (somos capaces de leer ADN más rápido de lo que podemos entenderlo).

Sin embargo, ¿de qué nos sirve esa cantidad descomunal de datos si no somos capaces de procesarlos? La Bioinformática nos enseña a utilizar ordenadores para analizar toda esa información y poder obtener conclusiones, crear modelos que se comporten como el sistema biológico o simulaciones que nos permitan seguir profundizando en aquello que nos interesa estudiar.

Con distintas aplicaciones bioinformáticas, si entendemos las condiciones matemáticas y físicas de cómo funciona lo que queremos estudiar, podemos realizar simulaciones con el ordenador y obtener justo aquella información que nos interesa.

Sabiendo cómo funciona una proteína, podemos estudiar cómo se une a otras proteínas y, por tanto, entender mejor ciertas enfermedades. (Estudios metabólicos)

Sabiendo la forma que tiene una proteína alterada o involucrada en el proceso de una enfermedad, podemos diseñar fármacos con mayor habilidad que si no conocemos el sitio donde el fármaco tiene que actuar. (Diseño de fármacos)

Sabiendo la parte del ADN donde se encuentran ciertas mutaciones que causan cáncer, podemos detectar qué es lo que lo causa exactamente y tratarlo específicamente. Por ejemplo, el cáncer es una enfermedad que puede tener muchísimos orígenes distintos en el ADN y no todos ellos van a reaccionar igual ante el mismo tratamiento. De esta forma, aumentamos la efectividad de la terapia. (Medicina personalizada)

Estas son algunas de las aplicaciones bioinformáticas. No obstante, se puede estudiar cualquier tema que involucre datos biológicos. Y eso es lo que me fascina, poder hacer predicciones de enfermedades que quiero curar.

La Bioinformática es el futuro porque nos permite analizar datos de forma tradicional, pero también nos permite analizar datos con el ordenador para obtener resultados que no saldrían en el laboratorio. Y ninguna otra disciplina ofrece esta posibilidad. Todavía no hay suficientes profesionales bioinformáticos porque es una ciencia muy joven, pero la ciencia en general está cambiando en una dirección en la que, más que recolectar datos, toca analizar y entender lo que ya tenemos. Es el momento de la Bioinformática.

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