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Florence Nightingale y la enfermería moderna

Salvó millones vidas con las matemáticas y la estadística

  • September 08th, 20
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Enfermería Nightingale
Ilustración que muestra Florence Nightingale en un hospital de guerra en Crimea. / Foto: National Geographic

En el siglo XIX, morían más soldados por infecciones y epidemias que por heridas de guerra. Cuando se celebran los 200 años de su nacimiento, recordamos a Florence Nightingale como la mujer definió la nueva enfermería y que tantas vidas salvó.

Florence Nightingale (1820-1910) nació en la ciudad italiana que le dio nombre, aunque la familia volvió a Inglaterra siendo ella todavía una niña. Hija de un matrimonio inglés bien situado, fue educada en casa, como era costumbre en la época, y recibió formación en literatura, matemáticas, los clásicos e idiomas. Pronto destacó en matemáticas y ciencias, lo que se ajustaba con su personalidad metódica y organizada (ya de pequeña documentó una colección de conchas con datos, listas y tablas).

Era atractiva, inteligente y rica, características perfectas para encontrar un buen marido según los preceptos victorianos. Sin embargo ella no tenía ningún interés en el matrimonio y rechazó diversas propuestas. Después de lo que ella consideró una llamada de Dios, pidió a sus padres formarse en enfermería. Ellos se negaron, pero acabaron por ceder y la joven Florence fue a Alemania para estudiar y prepararse.

Ya de regreso a Inglaterra, empezó a trabajar en un hospital de Londres, pero estalló la guerra de Crimea (1853) y fue destinada con un grupo de mujeres a un hospital militar en Turquía. Era la primera vez que las mujeres servían en el ejército y que se desplazaban a una zona en conflicto.

En la guerra de Crimea

Allí, Florence Nightingale descubrió las condiciones en las que estaban los soldados heridos. Como era propio en ella, empezó a recoger datos sobre los enfermos y las causas de sus muertes y se dio cuenta de algo terrible y a la vez esperanzador: la mayoría de muertes se debían a contagios e infecciones que podían evitarse con simples normas de higiene. Así que decidió hacer cambios en el hospital: limpió el suelo, hizo que a los soldados se les lavara y vistiera con ropa limpia, hizo que se cambiaran periódicamente sábanas y ropa de cama, cambió su alimentación…

Los datos que siguió recogiendo confirmaron que su análisis era correcto. Estaba tan implicada con que a las largas jornadas de trabajo diurnas, le seguían las horas nocturnas en las que Florence se paseaba entre los enfermos con una lámpara para hablar con ellos, ayudarles a escribir cartas a sus familiares y darles consuelo. Pronto se hizo famosa y se la conoció como “la dama de la lámpara”.

De nuevo en su país, se dedicó a estudiar y analizar toda la información recopilada y envió cientos de cartas a dirigentes y políticos para convencerlos de la necesidad de una reforma higiénica en los hospitales. No le hicieron caso y comprendió que debía presentar los datos de una forma clara y comprensible para llegar a más gente. Su facilidad por las matemáticas y su pasión por la estadística le permitió cruzar datos epidemiológicos y demostrar que, con su propuesta, morían menos soldados.

Enfermería Nightingale

Diagrama de Nightingale que muestra las causas de mortalidad en el ejército inglés durante la guerra de Crimea. / Foto: Wikimedia Commons

Debemos tener en cuenta que, en aquella época, conceptos como salud pública e higiene no existían. No fue fácil que la escucharan, pero además de pasión por las matemáticas, tenía buenas dotes comunicativas: inventó el “diagrama de la rosa”, una forma absolutamente novedosa para presentar, de forma visual, los datos recopilados por ella y donde cruzó 3 informaciones (hasta entonces los gráficos relacionaban 2 parámetros): el tiempo, el número de muertes y la causa de la muerte. En base a este diagrama, concluyó que la mayoría de defunciones eran evitables y describió cómo se debía proceder en los hospitales para eliminar infecciones y contagios.

La propuesta de Nightingale se fijaba en el detalle y especificaba que se tenía que acabar con las camas compartidas, se debía ventilar las habitaciones, limpiar el suelo, dar a los soldados ropa limpia, cambiar periódicamente la ropa de cama y mejorar la alimentación de los enfermos.

La “dama de la lámpara” había vuelto a Inglaterra como una heroína y su fama llegó a oídos de la Reina Victoria que quiso conocerla. Florence aprovechó el encuentro para mostrar su diagrama y explicar a Su Majestad que de las 18.000 muertes británicas de la guerra de Crimea, 16.000 habían sido por causas de higiene que podían prevenirse. La Reina no dudó en darle su apoyo.

Su legado

Florence Nightingale escribió libros y fundó una escuela de enfermería con su nombre que contaba con un método teórico-práctico y un marco ético conceptual muy bien definido. Ayudó a los más necesitados y ennobleció un oficio, el de enfermera, que hasta entonces se consideraba degradante y solo lo practicaban mujeres pobres y marginadas.

Sus escritos tuvieron repercusión en sanidad militar, asistencia social, hospitales civiles, estadísticas médicas, asistencia a enfermos. A día de hoy sigue siendo una referencia no solo para enfermeras y enfermeros, también para administradores y planificadores de instituciones sanitarias.

Nightingale recibió medallas y reconocimientos, fue pionera en estadística y en la representación visual de la información (destacó en el uso de diagramas e histogramas circulares) y fue la primera mujer miembro de la Royal Statistical Society, además de pertenecer también a la Asociación Estadística Americana. Impulsó la creación de la cátedra de Estadística en Oxford y trató, aunque sin éxito, que la estadística se aplicara a temas sociales (criminología, asilos, educación, la India…). Hasta entonces la estadística solo había sido una ciencia descriptiva, con ella se convirtió en una herramienta de análisis de la que extraer conclusiones y propiciar cambios. Además, ella fue la precursora del Servicio Nacional de Salud británico que se fundó 40 años después de su muerte y su labor también inspiró en creación de la Cruz Roja.

Dedicó su vida a luchar para que no se perdieran vidas de forma negligente durante las guerras. Es gracias a ella que, en momentos como el actual que estamos viviendo por la pandemia de coronavirus, no tengamos que lamentar más muertes con actos tan simples como la limpieza de manos, ventilar nuestras casas o usar mascarillas.

 

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