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La República del Congo y el colonialismo

República Democrática del Congo
República Democrática del Congo. Foto: Eolapaz

Después de más de un siglo de ocupación, guerras, explotación y corrupción, el Congo sigue siendo un país en manos de los intereses de grandes grupos que extraen todo tipo de materias primas. La historia de este país es la vergüenza de nuestro mundo.

Caucho (para los neumáticos de los primeros automóviles), uranio (para la bomba atómica de Hiroshima), cobre (para las balas de tantas guerras), coltán (para los teléfonos móviles), cobalto (para baterías de coches eléctricos, drones, etc.). Todas estas materias primas tienen una cosa en común, proceden del Congo. La relación entre Occidente y África, desde el siglo XIX y hasta hoy, sigue siendo el colonialismo.

Primer colonialismo, Leopoldo II

Durante la segunda mitad del siglo XIX, Europa buscaba nuevas vías comerciales y explotaba territorios aún sin conocer. Si bien la costa de África ya era un territorio explotado, el interior del continente seguía siendo una incógnita.

En este contexto, el reino de Bélgica era un estado industrial próspero que rechazaba el colonialismo (consiguieron la independencia de Holanda en 1830 y querían desmarcarse de sus vecinos). Sin embargo el rey Leopoldo II (segundo monarca de Bélgica) no compartía esta opinión popular. 

Cuando el explorador inglés Henry Morton Stanley volvió a Europa y relató cómo la navegación por el río Congo ofrecía una vía de acceso al interior del continente y múltiples posibilidades comerciales, el gobierno de su país no le escuchó. Atento a las noticias provenientes de África y bien conectado, el monarca belga no dudó en financiar al británico Stanley las siguientes expediciones.

Empezó así el nacimiento del Congo, un país que, durante muchos años, no fue una colonia belga, sino propiedad del rey Leopoldo II. El monarca consiguió “convencer” a las tribus indígenas para que cedieran sus tierras y su gente a cambio de nada. Este período estuvo marcado por la explotación de recursos naturales y de la población a los que trataba de forma cruel, obligándoles a trabajar hasta la muerte, en muchos casos, y castigando con amputaciones, en muchos otros. Murieron entre 5 y 10 millones de personas.

Esta época de horror duró hasta 1908. Aunque Leopoldo II nunca pisó el Congo, su fortuna creció de forma exponencial gracias al comercio del caucho y el marfil. Pero aunque se esforzó por ocultar lo que sucedía allí, las noticias de ese rincón de África no tardaron en hacerse públicas y finalmente el rey se vio forzado a ceder la región al estado belga.

Bajo el yugo belga

De 1908 a 1960 fue Bélgica quien explotó la zona. Aunque se aplicaron ciertas medidas de maquillaje de cara a la opinión pública, la explotación de materias primas y la crueldad siguieron produciéndose.

El poder político lo ostentaba un Gobernador General belga. Se ejerció un colonialismo de corte paternalista, como se puede leer en Tintín en el Congo, se crearon escuelas, se llevaron médicos a todas las ciudades y pueblos, se construyeron líneas de ferrocarril y carreteras… pero los nativos no tenían ningún poder y seguían viviendo en condiciones de esclavitud.

El malestar creció entre la población congoleña y, en 1955, aparecieron grupos que empezaron a reclamar justicia.

Patrice Lumumba, héroe nacional

Patrice Lumumba fue un estudiante ejemplar que, dada la situación de su país, se implicó en política para reivindicar el fin del colonialismo y la explotación. Participó activamente, dio conferencias a favor de la independencia, fue encarcelado. 

En 1959 empezó la represión a los movimientos nacionalistas. A la vez, el gobierno belga tuvo reuniones con los líderes de estos movimientos, entre ellos Lumumba. De forma inesperada, Bélgica concedió la independencia al Congo en 1960, pero con una condición, que el Congo asumiera la deuda externa de Bélgica. Así nació un nuevo país, endeudado por un dinero que jamás recibió.

En 1960 se celebraron las primeras elecciones que dispusieron que Lumumba fuera el Primer Ministro del país y Joseph Kasavubu, presidente. Apenas unos días después de los comicios, empezaron las revueltas de tropas amotinadas. Bélgica no quería perder el control sobre la riqueza minera, así que apoyó los movimientos que pusieron en entredicho al nuevo sistema.

Reinvindicaciones Lumumba

Reivindicaciones de libertad e independencia en favor de Lumumba. Foto: France24

Lumumba denunció la maniobra neocolonialista y pidió ayuda a los EE.UU., que lo ignoraron, así que en un momento de guerra fría, el primer ministro se acercó al bando soviético, aunque negó en más de una ocasión tener ideología comunista.

La ONU ordenó a Bélgica retirar sus tropas, pero finalmente lo tildaron de “conflicto interno”. Cuando Lumumba decidió enviar las tropas del ejército del Congo a la zona del conflicto, la ONU impuso un alto el fuego que impidió la entrada de los soldados congoleños. Lumumba lo entendió como una traición y llamó a su pueblo a resistir.

El presidente Kasavubu destituyó a Lumumba y a los ministros nacionalistas. El coronel Mobutu dio un golpe de estado y Lumumba se vio forzado a huir. Los hombres de Mobutu le persiguieron y la CIA ordenó su asesinato para favorecer los intereses de multinacionales estadounidenses. La ONU no le prestó protección.

En enero de 1961, hace 60 años, Patrice Lumumba fue asesinado y su cuerpo quemado para que no hubiera restos mortales que enterrar. Sus seguidores también fueron capturados y ejecutados.

Dictadura de Mobutu

En 1964 hubo nuevos levantamientos dentro del país que fueron sofocados con el apoyo de Bélgica y EE.UU. La intervención provocó protestas en otros países africanos, pero con la dirección de mercenarios blancos se consiguió sofocar a los rebeldes.

Con el apoyo de la CIA, Mobutu derrocó a Kasavubu en 1965 y se autoproclamó jefe de estado. Sorprendentemente, Mobutu nombró a Lumumba héroe nacional en 1966.

Con Mobutu en el poder, empezó una época de relativa estabilidad, pero el dictador fue acusado de corrupción, de violación de los derechos humanos, represiones, etc. Se dijo que tenía cuatro mil millones de dólares en cuentas bancarias en Suiza, un importe similar a la deuda nacional del Congo. Para recuperar su buena imagen y reavivar el sentimiento africanista empezó a cambiar el nombre de ciudades e incluso cambió el nombre del país a República de Zaire.

Con la caída de la URSS, el Congo dejó de ser un aliado necesario para los EE.UU. y esta situación sumada a las demandas internas de reformas políticas hizo que en 1990 se diera cierta apertura. A pesar de ello, Mobutu siguió en el poder.

La guerra de Ruanda causó una avalancha de refugiados que Mobutu fue incapaz de gestionar. Sin el apoyo de Occidente, sus opositores iniciaron una campaña que acabó con la huída del dictador y la proclamación de la República Democrática del Congo por parte de Kabila en 1997. Los contrarios a Kabila iniciaron la Segunda Guerra del Congo o Guerra Mundial Africana (el conflicto que más vidas ha costado después de la Segunda Guerra Mundial) que terminó en 1999. Sin embargo la lucha continuó por el control de las minas de coltán, casiterita y diamantes.

El Congo, hoy

Kabila fue asesinado en 2001 y su hijo, Joseph Kabila, fue nombrado Jefe de Estado. En 2002 se firmó la paz, aunque gran parte del país siguió siendo insegura. En 2006 se celebraron elecciones, las primeras multipartidistas y libres. Kabila salió vencedor y esto originó nuevos enfrentamientos.

Foto Eulixe

Grupo de hombres, también niños, trabajando en la extracción de coltán en una mina del Congo. Foto: Eulixe.

En la actualidad, el objetivo sigue siendo el mismo de siempre: controlar los recursos naturales del Congo. La propiedad de las empresas mineras que operan en el Congo está en manos de accionistas belgas, canadienses, estadounidenses y también chinos. EE.UU. controla los gobiernos de Uganda y Ruanda, países vecinos ubicados en zonas estratégicas desde donde enviar al exterior metales como el coltán, imprescindible en la fabricación de teléfonos móviles y otros productos tecnológicos.

Ya en 1996, los EE.UU. estuvieron detrás de la invasión que Ruanda y Uganda hicieron de las minas del este de la República Democrática del Congo. En 1998, estos países ocuparon y controlaron las zonas mineras estratégicas. Hoy en día, Ruanda sigue ostentando el monopolio de la explotación y comercio del coltán del Congo. Washington amonesta periódicamente a estos dos países, pero mira hacia otro lado cuando perpetran fechorías en las áreas mineras.

El colonialismo nunca ha desaparecido. Se puede decir, como apunta Jaume Portell, que el Congo es “un lugar destruido por las guerras, el caos, la corrupción y unos líderes nefastos. (…) Pero la realidad congoleña es menos casual y más causal”. Los congoleños son pobres porque el Congo es un país rico.

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