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Día Mundial Contra el Trabajo Infantil

Los efectos de la COVID-19 en el mercado laboral agravan la situación de los menores

  • Patricia Pino, 12 de Junio de 2020
  • 5 mins de lectura
Día Mundial del Trabajo Infantil
Niña trabajadora en 1908 en las Mollohan Mills, Newberry, Carolina del Sur (EE.UU.). / Foto: Wikimedia Commons (Lewis W. Hine)

La Organización Internacional del Trabajo reclama, en la celebración del Día Mundial contra el Trabajo Infantil, una protección especial para los menores debido a los efectos de la crisis provocada por la COVID-19.

En 2002, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) aprobó que el 12 de junio fuera el Día Mundial Contra el Trabajo Infantil con la intención de concienciar a la sociedad y poner medidas para erradicarlo. Este día une a gobiernos, organizaciones, medios de comunicación y escuelas en la campaña.

Según UNICEF, el término “trabajo infantil” incluye a todos los menores de 12 años que trabajan en cualquier actividad económica, a los que tienen de 12 a 14 años que trabajan en algo más que ligero y a los sometidos a las peores formas de trabajo infantil (la esclavitud, el reclutamiento forzado, la prostitución, la trata, la obligación de realizar actividades ilegales o la exposición a cualquier tipo de peligro).

Cada año, desde 2002, la campaña para erradicar la explotación laboral en la infancia se hace bajo un mismo lema “Por un futuro sin trabajo infantil”. Este 2020 las circunstancias que ha creado la pandemia por el coronavirus han hecho que el lema haya cambiado por “COVID-19: Protejamos a los niños contra el trabajo infantil, ¡ahora más que nunca!”.

El origen de esta lucha

En 1880, en Estados Unidos, se estimaron cerca de 1.120.000 niños trabajando a cambio de un salario. A pesar de que tradicionalmente se apoyaba el trabajo de los niños en el campo, se descubrió la espantosa realidad de menores trabajando en fábricas por una mísera remuneración y en condiciones deplorables. En 1900 esa cifra aumentó hasta más de 1.750.000, casi 1 de cada 6 menores de entre cinco y diez años.

El 1904 se fundó, el National Child Labor Committee (NCLC), con sede en Nueva York, con la misión de “promover los derechos, la conciencia, la dignidad, el bienestar y la educación de los niños y jóvenes en su relación con el trabajo”. En 1907, el Comité contaba con el liderazgo de influyentes reformadores progresistas, gracias a los cuales el Comité adquirió fuerza y atrajeron apoyos, lo que permitió avanzar hacia la acción y la defensa. Así, en 1938, se apoyó la Ley de Normas Justas de Trabajo (FLSA), firmada por Roosevelt, y que a día de hoy aún es la principal ley federal de trabajo infantil.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el Comité garantizó que la necesidad de mano de obra causada por la guerra no perjudicara las condiciones del trabajo infantil y que los niños no fueran arrastrados de regreso a las minas, molinos y calles. Sin embargo, a pesar de los numerosos logros y apoyos, la recaudación de fondos del Comité no logró generar los ingresos que necesitaba y después de más de un siglo de lucha contra el trabajo infantil, se cerró en 2017 sin siquiera anunciar su fin.

Las cifras de la explotación infantil

La explotación infantil es un problema que afecta al mundo entero. Según los datos recogidos en junio de 2019 por la OIT, en el mundo hay 152 millones de niños de entre 5 y 17 años víctimas del trabajo infantil y, de ellos, 73 millones se encuentran en situación de trabajo infantil peligroso. Los tres países que encabezan el listado de países con más trabajo infantil son Malí (con hasta un 55,8% de los niños), Benín (52,5%) y Chad (51,5%). En África, Asia y el Pacífico es donde más se concentra el trabajo infantil y además el considerado trabajo peligroso.

Trabajo infantil Marruecos

Niño montando un bote para llevar a turistas alrededor de las cascadas de Ouzoud (Marruecos). / Foto: Wikimedia Commons (Jadelui)

Es una realidad que millones de menores tienen que trabajar para poder sostener a sus familias, pero el trabajo infantil supone además un riesgo cuando los trabajos que ellos desempeñan son inadecuados para menores. Sin olvidar que, según UNICEF, están trabajando cuando deberían estar en la escuela y, por lo tanto, les están condenando a vivir en la pobreza. Esta organización también apunta que son los trabajadores domésticos quienes sufren más maltrato y se encuentran más explotados por razones como la discriminación, la exclusión de las leyes laborales, el aislamiento y su naturaleza oculta. Los niños tienen mayor riesgo debido a su corta edad, la falta de conocimiento de sus derechos, la separación de su familia y la dependencia de su empleador.

En 2015, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se diseñaron para asegurar la prohibición y la eliminación de todas las formas de trabajo infantil y para que, en 2025, desaparecieran definitivamente las peores muestras, desde el reclutamiento hasta la utilización de niños como soldados.

Actualmente, la lucha contra el trabajo infantil está recogiendo sus frutos en algunos países. Por ejemplo en India, en el pueblo de Gujarat, UNICEF junto con la Fundación IKEA han creado Redes de Niñas Adolescentes para formar a los más jóvenes sobre temas relacionados con violaciones de los derechos de la infancia. Ellos detectan a otros niños que trabajan y convencen a sus padres para que regresen a la escuela. A día de hoy han identificado a más de 60.000 niños que no iban al colegio y han conseguido que cerca de 20.000 regresaran a las aulas.

También existen movimientos como el de Comercio Justo, un sistema solidario que lucha contra la pobreza proponiendo una relación comercial que permita un mejor desarrollo social y económico en los países más desfavorecidos; pagando un sueldo digno a sus madres, los niños pueden ir a la escuela en lugar de trabajar y forman parte del sello que garantiza la ropa libre de explotación infantil: “Child Labor Free”.

El impacto de la COVID-19

El Día Mundial contra el Trabajo Infantil de este 2020 pone su enfoque en el impacto de la pandemia de COVID-19 sobre el trabajo infantil. La pandemia tiene repercusiones económicas y también sobre el mercado laboral que afectan a los ingresos de las familias y puede empujar a millones de niños en situación vulnerable al trabajo infantil.

La pérdida generalizada de puestos de trabajo y la reducción de ingresos en las familias son factores determinantes para que incrementen los niveles de trabajo infantil, la explotación sexual, el embarazo adolescente y el matrimonio infantil. Al aumentar la tasa de fallecimientos por COVID-19, más niños y niñas estarán en situación de orfandad y expuestos a explotación y abusos. Por otro lado, también hay millones de menores refugiados, migrantes o desplazados internos que viven en centros de acogida informales o en asentamientos clandestinos donde es prácticamente imposible cumplir con medidas de prevención básicas contra la COVID-19, como el distanciamiento social o lavarse las manos regularmente.

 

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