Investigación LCA4Climate

¿Es nuestra dieta sostenible?

Seguir las recomendaciones españolas podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la dieta en un 17%

  • Llúcia Ribot, 4 de Febrero de 2019
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La huella de carbono de los alimentos
Foto: Pixabay

¿Cuántos gases de efecto invernadero emite nuestra dieta? Científicos estudian las emisiones y la calidad nutricional del consumo actual y el desperdicio de alimentos de un ciudadano español promedio, comparándolas con dos dietas alternativas de acuerdo con las guías alimentarias españolas y la dieta mediterránea.

En los últimos años, los hábitos alimentarios de la población española han pasado de una dieta mediterránea a una dieta más occidental, con una mayor ingesta de productos animales y un menor consumo de productos de origen vegetal que lo recomendado, según los investigadores. Para revertir esta tendencia, la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición lanzó la Estrategia para la Nutrición, Actividad Física y Prevención de la Obesidad (NAOS), en 2005. Esta estrategia desarrolla pautas dietéticas nutricionales que promueven el consumo de frutas, verduras, legumbres, cereales y productos lácteos, además de actividad física. Del mismo modo, la dieta mediterránea sugiere que la ingesta de energía más alta debe ser suministrada por productos de origen vegetal.

Además del creciente movimiento por una alimentación saludable, “se presta una mayor atención a la influencia de las dietas en las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Esto se debe a que los cambios en los patrones dietéticos hacia un mayor consumo de carne y alimentos procesados pueden conllevar un aumento del 80% de las emisiones actuales mundiales relacionadas con la producción de alimentos para 2050”, dice el director de la Cátedra y coautor del estudio Pere Fullana i Palmer.

“Los cambios en los patrones dietéticos pueden conllevar un aumento del 80% de las emisiones actuales mundiales relacionadas con la producción de alimentos para 2050”, dice Fullana.

Investigación sobre dietas

Journal of Cleaner Production ha publicado un estudio de análisis del ciclo de vida sobre las emisiones de GEI relacionadas con la dieta, elaborado por investigadores de la Cátedra UNESCO de Ciclo de Vida y Cambio Climático ESCI-UPF, la Universidad de Cantabria y la Dalian University of Technology, en China. Dirigido por Laura Batlle-Bayer, responsable de la línea en agroalimentación de la Cátedra, este estudio revela que “las emisiones del consumo alimentario actual de un ciudadano español promedio se reducirían en un 17% y un 11%, al cambiar a una dieta de acuerdo con la estrategia NAOS y a la dieta mediterránea, respectivamente, y aún más cuando se consideran sus cualidades nutricionales ”, explica Batlle-Bayer.

Los científicos han comparado tres cestas de alimentos diferentes según las dietas alternativas, asegurando el promedio diario de consumo de energía recomendado de 2383 kcal. “El patrón de consumo actual de un adulto español promedio, que ingiere 2665 kcal por día, un 12% más de lo recomendado, emite anualmente aproximadamente 1,6 toneladas de dióxido de carbono equivalente (t CO2 eq). “Cuando se ajusta a una cesta de alimentos que asegura la ingesta de energía recomendada, emite aproximadamente 1,4 t CO2 eq al año”, destaca Batlle-Bayer.

Los productos de origen animal, incluida la carne (33%), el pescado (22%) y los productos lácteos (17%), son los principales contribuyentes.

Los productos de origen animal, incluida la carne (33%), el pescado (22%) y los productos lácteos (17%), son los principales contribuyentes, seguidos de los vegetales (5%), los productos a base de cereales y las bebidas (5%). En contraste, “las cestas correspondientes a las pautas dietéticas españolas y la dieta mediterránea emiten 1,2 y 1,3 t de CO2 eq, respectivamente”, añade. Esta reducción es el resultado de disminuir el consumo de carne y aumentar el de productos lácteos y de origen vegetal.

En cuanto a la calidad nutricional, la cesta actual de alimentos española ajustada obtiene la más baja, debido a la reducida ingesta de fibras, potasio, calcio, magnesio y vitamina A, y a un mayor consumo de grasas saturadas, azúcares añadido y sal. La dieta NAOS tiene una alta calidad nutricional, seguida de cerca por la mediterránea. Sin embargo, ambas superan el nivel recomendado de grasas saturadas, principalmente debido a la alta ingesta de productos lácteos y aceites vegetales. Cuando las emisiones de GEI de las cestas se ajustan a su calidad nutricional, las alternativas reducen aún más las emisiones en comparación con el consumo actual: un 42% en la NAOS y un 35% en la mediterránea.

Además, los científicos han analizado las etapas de producción de alimentos, procesamiento industrial, fabricación, envasado, venta al por menor y consumo, así como las pérdidas de alimentos a lo largo de toda la cadena de suministro. Así, han identificando las fases de producción primaria como las que más emiten, contribuyendo al 73% de las emisiones totales, seguidas de la etapa de fabricación. Además, las pérdidas de alimentos representan el 21% de las emisiones de GEI de las cestas de alimentos, y la mitad de ellas tiene lugar en la fase de consumo. Por lo tanto, «se debe poner un gran énfasis en minimizar las pérdidas, especialmente en la etapa de consumo, ya que puede reducir las emisiones de GEI relacionadas con la dieta en un 10%», concluye Batlle-Bayer.

A la luz de los resultados, los investigadores recomiendan incluir indicadores basados en el ciclo de vida en las pautas dietéticas para comunicar mejor los impactos ambientales de nuestras elecciones. «Esto mejorará el conocimiento y la conciencia de los consumidores sobre los impactos de sus elecciones y, potencialmente, los llevará a cambiar sus hábitos alimenticios por otros más sostenibles», señala Fullana i Palmer.

 

 

 

 

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