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Cambio climático

¿Cómo nos afectará la subida del nivel del mar?

  • Llúcia Ribot, April 02nd, 20
  • 3 mins de lectura
¿Cómo nos afectará la subida del nivel del mar?
Foto: Shutterstock

Los expertos no se cansan de repetirlo: los patrones climáticos están cambiando, el nivel del mar está aumentando y los eventos climáticos son cada vez más extremos. Pero, ¿por qué ocurre y cómo nos afectará? Empecemos por el principio...

Nos enfrentamos al mayor reto del siglo XXI: el cambio climático, es decir, el cambio de clima producido por la actividad humana que altera la composición de la atmósfera. Es, por tanto, un fenómeno global, pero sus impactos son locales y afectan a todas las regiones del planeta Tierra. Desde el incremento en la intensidad y frecuencia de los fenómenos meteorológicos extremos (huracanes, sequías prolongadas, tormentas y lluvias torrenciales e inundaciones) hasta el aumento del nivel del mar o el cambio en los patrones meteorológicos en determinadas zonas; sus efectos son múltiples, diversos y, en su gran mayoría, graves.

Pero, ¿qué relación tiene el cambio climático con la subida del nivel del mar? Muy sencillo: el volumen del agua aumenta cuando se calienta, es lo que se conoce como “expansión térmica” del océano. Mientras que, el calentamiento global—el proceso de aumento gradual de la temperatura del planeta Tierra por, entre otras causas, la intensificación del efecto invernadero— provoca el derretimiento de las capas de hielo de los polos y los glaciares. Esta combinación es la responsable del aumento del nivel de los océanos, y sus (potencialmente) catastróficas consecuencias en las zonas costeras o de baja altitud, como las inundaciones o la erosión del suelo.

Qué dice la ciencia

Tal y como advierte ONU, los océanos se han calentado, la cantidad de nieve y de hielo ha disminuido, y ha subido el nivel del mar. Entre 1901 y 2010, el nivel medio del mar aumentó 19 cm, como consecuencia de que océanos se expandieron debido al calentamiento y al deshielo. Además, la extensión del hielo marino del Ártico se ha reducido en los últimos decenios desde 1979, con una pérdida de hielo de 1,07 millones de km2 cada decenio. Unas cifras nada halagüeñas.

Además, el último informe especial del Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) nos advierte de que, en comparación con el período 1980-2000, se espera que el nivel de los océanos aumente en aproximadamente 43 centímetros para 2100 en un mundo con una temperatura superior a 2°C con respecto a los niveles preindustriales. Mientras que, en un mundo con una temperatura 3°C o 4°C mayor, calentamiento hacia el que conducen las tendencias actuales, la subida del nivel de los océanos será de hasta 84 centímetros.

Esta subida del nivel del mar tendría consecuencias generalizadas en los cerca de 10.000 kilómetros de costa española pero, sobre todo, en el área mediterránea y en Canarias. Y no solo eso, el nivel del mar continuará subiendo más allá de 2100, según el IPCC, y los eventos de niveles extremos del mar que ahora son infrecuentes (una vez cada 100 años) tendrán frecuencia anual en 2050 en muchas ubicaciones, especialmente en regiones tropicales, con los consiguientes impactos en las comunidades costeras. Así, los científicos alertan de riesgos para la vida las personas y los ecosistemas marinos, costeros, polares y de montaña si no se reducen drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

Consecuencias directas

Entonces, si estas previsiones se cumplen, ¿qué podemos esperar? Los expertos explican que algunas de las consecuencias de esta subida del nivel del mar ya son visibles. El aumento del nivel del mar se está acelerando y sus consecuencias ya se están notando, también en España. Por ejemplo, la entrada de agua en zonas costeras provoca la erosión del terreno y amenaza campos de cultivo, viviendas o zonas de ocio, en zonas como la Manga del Mar Menor (Murcia). Además, puede causar la inundación de humedales y la contaminación de acuíferos, y la pérdida de hábitat para peces, pájaros, plantas y muchas otras especies; como podría ocurrir en la Albufera de Valencia o el Delta del Ebro, zonas especialmente vulnerables a estos impactos.

No solo eso, la subida del nivel del mar y el aumento de los temporales amenaza la supervivencia de las playas, uno de los hábitats más comunes en nuestro litoral. ¿Y que suele haber alrededor de estas playas? Exacto, poblaciones que viven en comunidades costeras. Por lo que, de acuerdo con estos pronósticos, miles de personas se verán obligadas a abandonar sus hogares, lo que provocará cambios demográficos. Esta es la migración forzosa derivada del cambio climático (cuyos protagonistas son los refugiados climáticos) que en algunas zonas del planeta será especialmente dramática al quedar las islas de menor altitud engullidas por el océano, ocasionando la desaparición, incluso, de países. Esto ya ha ocurrido, por ejemplo, en la provincia de Sumatra Meridional (Indonesia), donde dos pequeñas islas ya han desaparecido y cuatro más están al borde de hundirse a causa de este aumento del nivel del mar impulsado por el cambio climático.

Cambios necesarios

En este escenario nada alentador, la ONU nos recuerda que las emisiones del gas de efecto invernadero están ahora en los niveles más altos de la historia. Por lo que si no actuamos ya, la temperatura media de la superficie del planeta Tierra podría aumentar unos 3 grados centígrados este siglo y, como en todo, las personas más pobres y vulnerables serán los más perjudicados. Por ello, la organización insiste la necesidad de reducir las emisiones drásticamente para alcanzar cero emisiones en 2050, además de adaptarnos al cambio climático y fomentar nuestra resiliencia.

En España, el Ministerio para la Transición Ecológica trabaja conjuntamente con las comunidades autónomas en una Estrategia para la Protección de la Costa que presentará antes de que acabe 2020. Ese trabajo sentará las bases para proteger nuestros humedales, playas, sistemas dunares y ecosistemas costeros frente a los impactos del cambio climático. Y es que, como suele decirse, “toda preparación es poca” para enfrentarse al mayor reto del presente siglo.

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