Universidad

Un voluntariado en la India

“Lo que he dejado allí no es comparable a lo que me he llevado”

  • Mariona González, 2 de Octubre de 2019
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Voluntariado
Mariona González durante su voluntariado en India con Cooperating Volunteers. / Foto: Mariona González

La mejor experiencia de mi vida, por el momento, es el viaje que he hecho el pasado verano a la India. Hice un voluntariado de dos semanas en Jaipur, al norte del país.

Siempre había querido hacer un voluntariado en otro país, pero la única experiencia que tenía era en organizaciones de mi pueblo con las que colaboro. Cuando lo comenté a mis padres de entrada se negaron, sin embargo no me di por vencida y les planteé diferentes opciones de organizaciones (investigué y preparé un excel que les convenció de mis ganas).

De toda la lista optamos por Cooperating Volunteers por ser una de las pocas que tiene una oficina. Concertamos una reunión para que me explicaran todos los detalles. Cuando concluyó la reunión, aún tenía más claro que me quería ir. Así que después de muchas preguntas y charlas de mis padres, finalmente el 11 de julio cogí un avión que me llevaría hacia una de las mejores experiencias de mi vida.

Hay muchas opciones de voluntariado en muchos países. En mi caso, quería ir a la India, así que el siguiente paso era decidir el programa en el que quería participar. En India se ofrecen 4 programas: orfanato, escuela, ayuda a los elefantes y el que elegí yo, el de mujeres y niños.

Este consistía en ir a un casal donde las mujeres y niños van por las tardes a aprender. Mi tarea consistía en enseñar inglés durante 3h: primero a las mujeres y luego a los niños. Pero antes de ir al casal, en la casa donde me he alojado, los voluntarios nos reuníamos para preparar las actividades de las clases, organizarnos para comprar el material necesario, imprimir las fichas…

Cuando llegaba la hora, un tuk-tuk (unos vehículos motorizados muy comunes en el sur de Asia) nos venía a recoger y nos llevaba al local donde nos esperaban las mujeres, los niños y las profesoras indias (que nos ayudaban a traducir si había algo que no se entendía, a dinamizar las clases, etc.). Después de clase, el mismo tuk-tuk nos acercaba de nuevo a casa.

Dar clases era nuestra rutina de lunes a viernes, así que los fines de semana aprovechamos para conocer mejor Jaipur e incluso visitar otras ciudades: he ido a la provincia de Agra y he visto el Taj Mahal y también la ciudad de Varanasi, que es famosa por tener un crematorio público y porque el río Ganges la cruza. Estas salidas las hacíamos los voluntarios en grupo y solíamos utilizar un servicio de coche que nos facilitaban los coordinadores.

Si hablamos de comida, debo decir que la alimentación de los voluntarios se basa en un 90% en arroz, y algunos días había pasta, pollo e incluso pizza. No ha sido muy variado porque su comida realmente no lo es. Su alimentación básicamente consiste en arroz, verduras y pollo (solo para celebraciones). Aunque debemos agradecerles el esfuerzo para prepararnos los alimentos de forma especial para nosotros (sin picante), lo que nos ha evitado muchos de los problemas digestivos que la gente que viaja a la India suele comentar.

Voluntariado

Mariona González con algunos de los niños que conoció durante su voluntariado. / Foto: Mariona González

Puedo asegurar que la India es preciosa, pero lo que de verdad hizo que me enamorara del país fue la gente y su cultura, muy diferente a la nuestra pero muy rica a su vez. La hospitalidad, la generosidad, las sonrisas y miradas llenas de una luz especial… es difícil describir lo que siento cuando cierro los ojos y recuerdo el viaje.

El grupo de voluntarios han sido mi familia mientras he estado en la India. El tiempo que yo estuve allí, todos veníamos de España (mayoritariamente Barcelona). Dormíamos en una misma casa los voluntarios de todos los programas. Allí teníamos habitaciones compartidas, un salón común donde comíamos, jugábamos o simplemente charlábamos. Con nosotros estaban también cinco personas clave: Rinku, que preparaba todas las comidas; Shiva el encargado de recogernos o llevarnos al aeropuerto; Alex, el coordinador de la organización que nos ayudaba en caso de cualquier problema (es español y poder hablar en tu propio idioma va muy bien); Jitesh el coordinador indio, él hablaba a diario con gente de la organización en España; y finalmente Trun, que se encargaba de la seguridad de la casa por la noche.

Todos ellos, además de las mujeres y los niños del programa han sido lo mejor de esta experiencia. La relación de amistad con los trabajadores y los otros voluntarios y, sobre todo, el calor y amor que me dieron las mujeres y los niños del programa es algo indescriptible: sus ganas de aprender, sus sueños e inquietudes me dejaron perpleja.

En lo que a dinero se refiere, tengo que decir que depende del destino, del tiempo que se esté, de qué semanas se elija ir… En mi caso, pagué 400€ por dos semanas que incluían: todas las comidas, el tuk-tuk al casal y el alojamiento. Este dinero va íntegramente a destino (a la casa de acogida y a los diferentes programas), Cooperating Volunteers no se queda nada, por eso antes de realizar el pago de destino se debe hacer uno que ronda los 250€ que van a la organización. Os recomiendo que si estáis interesados en hacer una ayuda voluntaria os informéis de las tasas de cada país.

Los vuelos no están incluidos en el alojamiento, tampoco el visado (un permiso por el cual se debe pagar para poder entrar en el país) ni el seguro. No obstante, toda esta información os la pueden dar en la organización.

Esta experiencia me ha servido para darme cuenta de lo privilegiada que soy. Ha sido un golpe de realidad para aprender a valorar muchísimo más aquellas cosas que damos por supuestas: tener luz, agua caliente, calles limpias y asfaltadas, que todos los niños y niñas vayan al colegio… En definitiva, a no dar importancia a las cosas que no la tienen y a dársela a lo que realmente lo merece. Nosotros vivimos en unas condiciones materiales mucho mejores que las que tienen ellos, y sin embargo ellos son mucho más felices con lo que tienen, sin ambicionar.

Me gustaría acabar el artículo con dos reflexiones, la primera de Gandhi: “La mejor manera de encontrarte a ti mismo es perdiéndote en el servicio de los demás”; y la segunda es la sensación con la que he vuelto: “Lo que he dejado allí no es comparable a lo me he llevado”.

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