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La copa menstrual: para una menstruación más sostenible

Compresas, tampones, aplicadores, tiras adherentes y envoltorios generan un gran volumen de residuos

  • 13 de Junio de 2019
  • 4 mins de lectura
copa menstrual vs. tampón
La copa menstrual puede ser una alternativa al tampón tradicional. Foto: Pexels.

Los productos de higiene femenina tienen un gran impacto a nivel medioambiental y social, por lo que su elección se convierte es clave. La copa menstrual se posiciona como una alternativa a la convencionalidad.

* Artículo elaborado por Berta FarellMercè Capell en el contexto de la asignatura «Gestión de la Sostenibilidad» del Grado en Negocios y Marketing Internacional de ESCI-UPF. Asignatura impartida por el profesor Pere Fullana i Palmer, Director de la Cátedra UNESCO en Ciclo de Vida y Cambio Climático ESCI-UPF

Una mujer tiene un promedio de 450 periodos menstruales a lo largo de su vida fértil. En cada uno de ellos consume una media de 22 tampones y compresas. En total, al final de su vida fértil, el resultado se traduce en una media de consumo de 11.000 productos de higiene femenina, 136 kg de residuos generados por persona y 5,3kg en emisiones de CO2. Teniendo en cuenta un período menstrual de 5 días usando 5 tampones diarios a un precio medio de 0,20€/unidad durante 10 años el ahorro sería de  570€. En 35 años de menstruación, considerando el coste de 4 copas menstruales (120€), el ahorro se elevaría a 1.980€.

Detrás de estas cifras se esconde un generalizado tabú social sobre la menstruación y una industria de la higiene femenina que se nutre de él. Según un Estudio de Salud íntima realizado en 2018 por la compañía sueca Intimina, fabricante de copas menstruales, un 45% de las mujeres españolas admite que la menstruación es un tabú social. Lejos de luchar contra este estigma, las empresas de higiene íntima lo perpetúan proporcionando productos diseñados para ser discretos, con envoltorios silenciosos, fáciles de ocultar y desechar, pero que suponen un gran coste medioambiental.

Según un estudio de Ciclo de Vida llevado a cabo por el de Royal Institute of Technology de Estocolmo, el mayor impacto de los productos de higiene femenina, como los tampones o las compresas, radica en su proceso de fabricación. Este proceso consiste en convertir la pulpa de celulosa o rayón en fibras parecidas a las del algodón. Específicamente, se descubrió que el procesamiento del polietileno usado en los aplicadores y las bolsitas de plástico usadas para cubrir el producto, conforma el proceso más agresivo de todos, ya que requiere altos niveles de energía generada mayormente por combustibles fósiles.

La fabricación de productos como los tampones o las compresas no solo requiere un uso abundante de recursos, sino también de abundantes productos químicos. Una tesis del Rochester Institute of Technology sobre la creciente tendencia hacia productos de higiene femenina en EE.UU., demostró cómo estas sustancias químicas desprenden dioxinas que, junto a otros residuos químicos, resultan ser tóxicos y cancerígenos para las personas.

Berta Farell y Mercè Capell

Mercè Capell y Berta Farell, alumnas del Gestión de la Sostenibilidad en ESCI-UPF, comparan las alternativas en higiene íntima femenina

La copa menstrual

Actualmente, la copa menstrual está ganando posiciones como posible producto alternativo y más sostenible que los productos convencionales.

Se suele pensar que se trata de un producto innovador y moderno, pero se inventó a finales del siglo XIX y se patentó por primera vez en 1937. Aunque su uso es muy similar al de un tampón desechable, ambos productos se diferencian enormemente. Algunas de las ventajas de las copas menstruales son:

  • Están fabricadas de silicona médica hipoalergénica, un material totalmente inocuo para la salud que no interactúa con el cuerpo de la mujer: no cambia el pH vaginal, no reseca y no deja residuos.
  • Una vez dentro del cuerpo, se puede llevar hasta 12 horas y no está asociada a ningún caso del síndrome de shock tóxico, como sí lo están los tampones. En contraste con las compresas, la copa menstrual también ayuda a prevenir otras infecciones como la cistitis o la candidiasis.
  • Igual que los tampones, presentan tres tallas distintas (S, M y L), que se adaptan al diámetro de la vagina de la mujer, que varía a lo largo de su vida.
  • Puede durar hasta 10 años y tiene un coste aproximado de 30€, por lo que supone un ahorro considerable tanto a nivel económico como en generación de residuos.
  • En comparación con los productos desechables, son las que tienen menor impacto en agotamiento de recursos abióticos y de combustibles fósiles, acidificación, eutrofización y producción de residuos.

A parte de la copa, existen otras opciones responsables, como la ropa interior reutilizable o las compresas de tela que, aunque están compuestas por algodón orgánico y poliéster, no generan tantos residuos.

En las últimas décadas, tomar, usar y desechar ha sido el patrón de actuación de la economía, que también ha quedado reflejado en productos como los tampones o compresas desechables y respaldado por la industria de higiene femenina. No obstante, poco a poco empieza a imponerse una nueva forma de enfocar los negocios que busca optimizar el uso de recursos y preservar el capital natural: la economía circular. La copa menstrual sería un ejemplo de esta, buscando, mediante el reacondicionamiento, la extensión de la vida útil de productos usados por millones de mujeres cada año.

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