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Adiós al emperador Akihito

La despedida marca el inicio de una nueva etapa en Japón

  • Georgina Solé, 30 de Abril de 2019
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Foto: Shutterstock

Georgina Solé, alumni de GNMI de la promoción 2018 que estudió japonés y estuvo de intercambio en el país nipón, comparte su visión sobre la abdicación del emperador Akihito en favor de su hijo Naruhito. Este hecho puede suponer el inicio de un proceso de modernización de la sociedad japonesa y, por lo tanto, de ruptura de ciertos aspectos de la tradición que define la cultura de este pueblo.

Las monarquías y sus familias acaparan el foco de los medios, ya sea por escándalos de diversa índole o sucesos relevantes. Si nos fijamos en la monarquía más antigua del mundo, no podemos evitar sentir curiosidad por su particular pasado y su papel en la sociedad actual del país del sol naciente. El emperador Akihito (明仁) se despide del trono y el país se une para rendirle homenaje. Muchos japoneses le van a recordar como el Emperador de la Paz y el que ha hecho más esfuerzos para acercar la casa real a la población.

El emperador Akihito ha sido una figura que ha roto con la tradición en algunas ocasiones, lo que le ha generado firmes detractores en la Agencia de la Casa Imperial que no han dudado en criticarlo duramente, como la unión de su hijo con un miembro no perteneciente a la corte y que además es de una religión minoritaria, o la participación activa en la educación de sus hijos cuando anteriormente era supervisada por tutores, la cercanía a la población japonesa, etc. Aun así ha demostrado gran coraje y determinación al hacer prevalecer su visión e interés por establecer lazos duraderos tanto a nivel nacional como internacional con diversos grupos.

A nivel económico, la herencia que Akihito recibió de su padre fue una economía en plena efervescencia que provocaba incomodidad de muchas otras potencias y que suponía una amenaza para la economía estadounidense que cada vez era menos competitiva en la arena comercial a causa de la apreciación del dólar versus el yen, lo que provocaba un incremento del déficit comercial con dicho país. No es de extrañar que los EEUU buscaran una solución y que una mañana de septiembre de 1985, en Nueva York, presionaran para una depreciación del dólar, acción que condenó a la economía japonesa a una recesión. Como las desgracias nunca vienen solas y las políticas de expansión monetaria a veces no cumplen con su función, ese fue el golpe de gracia que le faltaba a la economía japonesa. La políticas monetarias provocaron un exceso de liquidez que creó una burbuja inmobiliaria y bursátil que, una vez estallada, y con el efecto añadido de la crisis económica mundial posterior, sumió al país en una espiral recesionista que ni las tres flechas de la doctrina Abenómica (política monetaria expansiva, medidas fiscales y reformas estructurales) ha podido revertir.

A nivel social, las fuerzas sindicales de la sociedad japonesa anterior y posterior a la guerra poco tienen en común. No obstante, tienen los mismos problemas relacionados con la discriminación de minorías étnicas como los Ainu (アィヌ) (pueblo autóctono de Hokkaido y las islas Kuriles) y los Burakumin (部落民) (descendientes de la casta más baja en la época feudal y con ocupaciones “impuras”, por ejemplo: enterradores, carniceros, curtidores) a los que se les han violado sistemáticamente sus derechos humanos, el envejecimiento de la población, la baja natalidad y la falta de mano de obra en según qué sectores.

¿Podrá la nueva era Reiwa (令和) resucitar la adormecida economía japonesa?

Naruhito (徳仁), en muchos aspectos, ha seguido el camino marcado por su padre involucrándose en la escena internacional: ha viajado, se ha instruido y se ha interesado por aprender de las diversas culturas de los países que ha visitado. El rol que asumirá próximamente no le es extraño, ya que ha sustituido a su padre cuando los problemas de salud no le han permitido cumplir con su apretada agenda. La futura emperatriz, Masako (雅子), es también un reflejo de la renovación en la tradición real japonesa, siendo la tercera mujer de la familia que no pertenece a la corte. Su trayectoria en la carrera diplomática está marcada por el deseo de estrechar lazos entre naciones y organizaciones y dar a conocer la cultura milenaria japonesa. En los últimos años, se ha mantenido en un segundo plano al tener dificultades para adaptarse a su rol de princesa heredera y las presiones por tener un heredero varón. No obstante, siempre ha sido muy abierta a transmitir sus preocupaciones y citando textualmente: “voy a esforzarme por asumir mis responsabilidades para la felicidad de la población” convirtiéndose así en un modelo para la población femenina japonesa.

Puede que la figura del emperador sea meramente ceremonial desde la ocupación americana, pero siempre será un gran símbolo para el pueblo japonés. Los japoneses siguen el ejemplo de la familia real y recrean sus valores, por eso, la nueva pareja real deberá esforzarse para ser la portavoz de la modernización y el progreso.

El camino será largo y con muchos obstáculos que deberán superar. Algunos de los problemas a los que deberán poner solución:

  • Económicamente, Japón posee la mayor deuda pública mundial y las políticas económicas aplicadas no provocan el ‘milagro’ de crecimiento pasado, por lo que será una tendencia difícil de romper.
  • Políticamente, Japón se sitúa geográficamente en un área de gran tensión. El afán expansionista de China en el Mar del Sur, el acuerdo de desmilitarización de Corea del Norte que nunca se ratifica, la disputa territorial con Rusia por las islas Kuriles… ¿Puede que finalmente se le permita a Japón tener un ejército propio?
  • Socialmente, la difícil decisión de la mujer entre ser una mujer de familia o de “carrera”. Se espera que la mujer casada se dedique plenamente a su familia, por lo que habitualmente dejan el mercado laboral y, una vez los hijos han crecido, sus habilidades ya están obsoletas y solo pueden acceder a trabajos de poco valor añadido que les hacen plantear si realmente merece la pena volver a estar activas.

Tendremos que esperar para ver cómo se van sucediendo los acontecimientos y cómo afrontan estos retos los futuros monarcas. Por ahora solo cabe añadir “万歳 (Diez mil años) al futuro monarca”.

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