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25 aniversario

De la banca telefónica a las fintech

La evolución del sector bancario

  • Xavier Fornt, 28 de Marzo de 2019
  • 3 mins de lectura
Foto: Geralt

El profesor de Banca Internacional del Máster en Comercio Exterior de ESCI-UPF nos presenta una visión histórica de la evolución del sector bancario, así como la forma en que la banca asume los próximos retos que suponen las nuevas tecnologías como el blockchain.

Hace algo más de dos décadas, cuando empecé a impartir clases en ESCI-UPF, en España había 50 cajas de ahorros y 164 bancos comerciales que se repartían prácticamente al 50% el mercado nacional.

Las cajas de ahorros estaban especializadas en el segmento de particulares y los principales productos que comercializaban eran las libretas de ahorro, los préstamos al consumo y las hipotecas, en las que eran redomados especialistas. Los bancos comerciales, por su parte, tenían su segmento de mercado en el mundo de las empresas, tanto pymes como grandes corporaciones, y ofrecían productos de activo y de pasivo. Entre los primeros, el descuento comercial, los préstamos para inversiones a medio y largo plazo, y las operaciones de comercio exterior.

La ambición de unos y otros por crecer les llevó a intentar conquistar parte de la cuota de mercado del otro, así los bancos empezaron a introducirse en el mundo de los particulares, ofreciéndoles hipotecas que no dominaban. Y así les fue. Y las cajas de ahorro se adentraron en el mundo de las empresas, ofreciendo descuentos comerciales y préstamos para inversiones que no dominaban. Y así les fue.

Pero, con independencia de esta unificación de segmentos de mercado, la tecnología estaba también haciendo sus implacables avances y comenzó la época de ofrecer al cliente la posibilidad de hacer sus operaciones por teléfono. Me refiero al teléfono fijo, hoy casi en desuso, porque el móvil aún no existía. Nacía de este modo la banca telefónica. El cliente tenía una tarjeta con unas claves y, al ordenar la operación por teléfono a su banco o caja, éste le solicitaba una clave de la tarjeta que equivalía a la firma de solicitud.

Internet todavía no había hecho su aparición. Pero cuando llegó, empezó a cambiar por completo el sistema bancario. La tendencia a ofrecer servicios a través de la banca a distancia conllevó el cierre de numerosísimas oficinas, al tiempo que las entidades empezaban a fusionarse entre ellas. Del panorama inicial, poco quedaba.

Con las cajas de ahorro prácticamente desaparecidas y el número de bancos reducido drásticamente, cambió radicalmente la estrategia comercial de las entidades financieras.

Si hacía sólo unos años el objetivo era atraer el cliente hacia la sucursal para ofrecerle allí todo tipo de productos y servicios, se pasó a una estrategia para alejarlo de las oficinas físicas, ofreciéndole todos los servicios que pudiera necesitar mediante la banca a distancia.

Quedaba todavía un paso más y llegaría con la irrupción del teléfono móvil. Aquellos viejos teléfonos fijos se acabaron convirtiendo en pequeños teléfonos portátiles con los que se podía hacer casi de todo, porque no dejaban de ser mini ordenadores. Y las entidades financieras, siguiendo el ejemplo de Suecia, comenzaron a desarrollar los servicios de banca móvil.

El futuro inmediato

Próxima parada: el blockchain. Una técnica de la que la banca no podrá quedarse al margen y que consiste en mantener una cadena de bloques abierta, donde ninguna entidad posee el control, pero que está protegida por una red de ordenadores punto por punto, fuera de cualquier posible alteración, ya que no permite modificar transacciones antiguas, solo añadirles nuevos bloques de información. La tecnología blockchain ha empezado a ser desarrollada ya por las nuevas fintechs, entidades tecnológicas que, a través de plataformas de internet, comienzan a ofrecer servicios de los considerados tradicionalmente bancarios.

La constante obsesión de las autoridades monetarias por luchar contra el lavado de dinero ha llevado a dictar normativas muy estrictas, reflejadas en los acuerdos llamados de Basilea III que controla el Banco Internacional de Pagos y que están basados en lo que se llama “Know Your Client”. Estos requerimientos de conocer a fondo a los clientes, su actividad, su accionariado, el origen y procedencia de los fondos, el destino de los mismos, los países con los que tienen negocios y que no deben estar incluidos en las listas negras y de sanciones hace que las entidades financieras deban destinar cada día más recursos a controles administrativos.

Estos recursos representan, por un lado, altos costes que deben repercutir en los precios a los clientes y, de otro lado, ralentizan enormemente los procesos de decisión, con lo que los clientes piensan que los bancos son cada vez más caros y lentos.

¿Cuál es entonces la alternativa? Pues son las nacientes y crecientes fintechs. Sociedades con muy poca estructura que, al operar a través de plataformas de internet y no estar todavía clara su regulación administrativa, pueden ofrecer servicios y productos bancarios a precio mucho menor y con mucha mayor rapidez. Y, en definitiva, el dinero que puede prestar un banco convencional es exactamente igual de bueno que el que pueda prestar una fintech a través de crowdfunding o crowdlending y la fiabilidad de los servicios de pago no es en absoluto inferior a los que ofrece la banca tradicional.

Esta situación ha llevado a los bancos a un cambio importante a la hora de fijar sus estrategias con relación a esas nuevas fintechs. Si bien en un principio las veían como competidoras feroces, ahora, aplicando aquella máxima de que “si no puedes con tu enemigo, alíate con él”, han comenzado un proceso de adquisición de estas sociedades que las acaba convirtiendo de competidoras en colaboradoras y a las que encargan desarrollar y comercializar productos bancarios diseñados por los propios bancos adquirentes. Para mayor INRI, muchos de los empleados de estas nuevas fintechs son antiguos empleados de los bancos de los que han tenido que desprenderse en el proceso de reducción de plantillas.

Es evidente que, para grandes operaciones de importes muy elevados, las empresas deberán seguir recurriendo a los bancos, ya que las nuevas fintechs no tienen aún capacidad económica suficiente. Sin embargo, para las operaciones más corrientes de pagos o préstamos y créditos de mediano importe, las fintech se harán con una buena cuota de mercado.

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