Bioinformática

Ana Ripoll, presidenta del BIB

“Trabajo en bioinformática no va a faltar”

  • Pelayo Corella García, 21 de Febrero de 2019
  • 4 mins de lectura
Foto: Ana Ripoll

Tras una dilatada carrera académica, Ana Ripoll se embarcó en Bioinformatics Barcelona (BIB) para aunar esfuerzos en un ámbito con un enorme potencial: la bioinformática. Con ella hablamos sobre los cambios que se están produciendo en este sector tan dinámico.

Física de formación, antigua rectora de la UAB y actual presidenta de Bionformatics Barcelona, nos recuerda que desde el BIB se impulsó que las cuatro grandes universidades catalanas crearan un grado en Bioinformática (BDBI) “competitivo internacionalmente, íntegramente en inglés y de tres años”. Señala que este grado, “pionero en España” y del que este año saldrá la primera promoción, ofrece a las empresas “verdaderos bioinformáticos, con una formación equilibrada entre lo computacional y lo biológico”.

¿Por qué nace el BIB?

Mientras era rectora de la UAB, muchos profesionales me dijeron que tenían mucha información, pero desconocían cómo gestionarla. Los informáticos, por su parte, tenían un gran desconocimiento del entorno. El problema era que no había un lenguaje común. Para poder aplicar la tecnología y entender y resolver un problema, tienes que entender el entorno. Si no, no puedes programar. Y debes conocer qué es un sistema biológico. Al acabar mi mandato pensé que sería interesante integrar estas dos disciplinas.

De hecho, ya era un tema de suma actualidad…

Así es, a principios de los 2000 hubo el primer borrador del genoma humano y el interés por  la secuenciación ha ido en aumento. Eso supone una revolución de la informática aplicada a la salud y el mundo agroalimentario. En 2014, creamos una plataforma y definimos la bioinformática desde ese punto de vista: la aplicación de la computación y las tecnologías de información para el tratamiento de datos biológicos o relacionados. Consultamos a todos los actores: hospitales, académicos, profesionales de la salud, empresarios, grupos de investigación. Todos vieron el potencial y desarrollamos el plan estratégico.

¿En qué consistía este plan estratégico?

La formación, lo principal. Ayudar en el avance a la investigación y la transferencia del conocimiento, mejorar la competitividad de las empresas y dar visibilidad del potencial que existe en Catalunya en este ámbito. El BIB quiere relacionar a todos los colectivos.

¿Cómo consiguió crear sinergias entre sectores y ámbitos tan diferentes?

No fue un proceso fácil. Pero todo el mundo puso de su parte y las instituciones me ayudaron. En 2015, constituimos Bioinformatics Barcelona, una asociación sin ánimo de lucro y con personalidad jurídica propia. Ahora ya son unas 50 instituciones públicas y privadas: más de 140 grupos de investigación, más de 1.300 investigadores, 10 universidades, 11 centros de investigación, 10 instituciones del ámbito sanitario, 16 empresas y tres grandes infraestructuras científicas. Tenemos a todos los actores.

El sector público está sólidamente representado. ¿Faltan empresas que sepan capitalizar este conocimiento acumulado?

Avanzamos despacio. Se incorporan nuevas empresas porque se dan cuenta que tenemos a todos los expertos en la materia. Esto nos permite poner en marcha nuevas iniciativas. Actuamos como catalizador.

¿Qué hace falta para conseguir más y mejores empresas en este sector?

Las empresas suelen ser muy conservadoras. Cuando les dices, “Mira, tienes muchos datos a tu alcance y podrías utilizarlos en beneficio de tu empresa y de tus clientes”, lo entienden, pero también ven barreras.

¿Por qué?

Dentro de las mismas empresas, los diferentes departamentos no han sido creados para compartir datos, ni para gestionarlos ni tratarlos. Y además, cada departamento ha ido avanzando con un software específico. Ven la dificultad de juntar e integrar todos esos datos que están en formatos y entornos diferentes. Además, consideran que toda esa tecnología es muy cara. Solo ven barreras y dificultades. Poco a poco hay que hacerles ver que, con profesionales bioinformáticos especializados y desde asociaciones como BIB, se les puede ayudar en el asesoramiento y transformación de la empresa.

¿A qué se refiere?

Le pongo un ejemplo. Hasta ahora se estaban utilizando datos estructurados, como si fuera un listín telefónico. El problema es que en el ámbito de la salud tenemos muchos datos que incluyen imágenes, vídeos, el texto de un médico. Todo eso se ha de agrupar, estudiar y analizar. No es fácil la gestión de los datos.

¿Y cómo cambiar esa tendencia?

El gran cambio lo harán las startup, muchas de ellas nacidas de grupos de investigación. Ya están generando softwares ad hoc.

¿En qué situación se encuentra ahora la bioinformática?

Tiene ahora un reto importante: el de ayudar a la medicina personalizada o de precisión.

En relación a la medicina personalizada, ¿se generó un exceso de optimismo o de expectativas?

Se ha avanzado, pero estamos todavía lejos. Se necesita más financiación y un mayor alineamiento entre grupos de investigación, empresas y hospitales para llevar adelante un plan estratégico. Otros países ya lo están haciendo.

Teniendo en cuenta el know how en este país, ¿es una cuestión de financiación?

No solo de financiación. Es también una apuesta política y estratégica.

Si el resultado es una medicina a la carta, ¿a qué estamos esperando?

El BIB nace para que justamente se puedan hacer este tipo de estrategias de coordinación y alineación entre todos los sectores. Pero no es fácil. En Catalunya, tenemos un gran potencial y todas las piezas: hospitales de gran calidad, universidades de prestigio, grandes infraestructuras científicas, expertos en gestión de big data e inteligencia artificial. Sabemos hacerlo. Hace falta poner de acuerdo a todas las partes, buscar un plan.

Tras el esfuerzo para diseñar el BDBI entre las cuatro grandes universidades y con la sobreoferta existente, ¿cómo captar a un alumno para que estudie bioinformática?

Hay un gran desconocimiento de qué es la bioinformática, del porqué y del futuro de estos estudios. La solución pasa por explicar en los centros de secundaria y bachillerato, a alumnos y profesores, qué es la bioinformática. Si uno mira los números de los alumnos que se han matriculado en este grado, la mitad son mujeres. No ocurre en carreras más técnicas, como Informática, donde la mayoría son hombres. Aquí, la combinación de la informática y el mundo de la salud y el impacto que tiene en la sociedad hace que sea muy atractiva para las mujeres. Hay que aprovecharlo.

Ha hablado de la diversidad de datos que hay disponibles. ¿Hasta qué punto la nueva regulación europea puede condicionar su uso?

Todos los países tenemos ese mismo problema. A partir de ese marco regulatorio, se tiene que hacer un código de buenas prácticas, con recomendaciones que ayuden a los diferentes profesionales a tratar los datos biológicos. Es muy importante generar confianza y que se trabaje con tranquilidad.

¿Cómo se puede mejorar la relación entre la investigación y la aplicación clínica? ¿Existen hoy los mecanismos necesarios? ¿Funcionan bien?

Hay que ahondar en la coordinación. Tiene que haber mayor colaboración dentro del hospital. La clave es la creación de equipos multidisciplinares que hablen un mismo lenguaje. Y eso es lo que estamos haciendo con la incorporación de los bioinformáticos. Además de un mayor alineamiento político e institucional, a nivel técnico, se tiene que dar ese mismo proceso en los hospitales. Hay que recoger datos muy diversos que pueden proceder de diferentes fuentes. Asegurarse que esos datos sean de calidad, hay que filtrarlos, tratarlos e integrarlos. Hacer algoritmos para establecer patrones de comportamiento, relaciones entre esos datos para ir hacia un nuevo conocimiento. Es un proceso arduo y complejo, que requiere equipos interdisciplinares. Y todo eso ha de llegar al paciente. No es un proceso sencillo.

¿Cómo ve este mundo a medio plazo?

Cada vez tenemos más datos. La necesidad reside en incorporar profesionales que sean capaces de tratar estos datos. Es una verdadera revolución, estamos en el mundo del big data, de la inteligencia artificial… Los futuros estudiantes deben saber que se necesitan profesionales en estos ámbitos. Trabajo no va a faltar.

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