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Cambio climático

¿Por qué sabemos que el CO2 atmosférico ha aumentado?

Las concentraciones actuales de CO2 no tienen precedentes en, al menos, los últimos 650.000 años

  • Llúcia Ribot, 19 de Novembre de 2019
  • 4 mins de lectura
¿Por qué sabemos que el CO2 atmosférico ha aumentado? Observatorio Mauna Loa
Foto: Observatorio Mauna Loa, Hawaii. Flickr (Christopher Michel)

¿Cuál es la proporción de CO2 en la atmósfera hoy? ¿Y esta semana, mes, año, década o siglo? Gracias al registro diario de la concentración global de CO2 en la atmósfera podemos responder a éstas preguntas y acceder a registros históricos y predicciones para comprender cómo ha cambiado y está cambiando la Tierra.

Observaciones vitales para el estudio de la tierra y llevadas a cabo durante un largo período de tiempo por los científicos alrededor del mundo, nos permiten saber que la concentración global de CO2 atmosférico en 2018 fue de 409,92 partes por millón (ppm), es decir, había 409,92 moléculas de CO2 por cada millón de partículas de aire en la atmósfera; 2,87 ppm más que el año anterior, según la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOA).

Desde principios del siglo XX, los científicos ya sospechaban que podía estar aumentando como consecuencia de la combustión de combustibles fósiles.

Este conocimiento es posible gracias a las mediciones del CO2 atmosférico realizadas por el Programa de CO2 del Instituto Scripps de Oceanografía (Universidad de California, San Diego, Estados Unidos), y otras organizaciones en ambos hemisferios, que confirman el aumento general de la concentración de CO2 en la atmósfera. Estas mediciones muestran que la concentración global promedio en 2006 fue de más de 381 ppm; aproximadamente 70 ppm más que las primeras mediciones realizadas en la década de 1950. Mientras, el pasado mayo se superaron las 415 ppm, marcando un nuevo y dramático hito.

Desde principios del siglo XX, los científicos ya sospechaban que la concentración de CO2 en la atmósfera podía estar aumentando como consecuencia de la combustión de combustibles fósiles. Pero, como explican desde Programa de CO2 de Scripps, hubo pocas mediciones de este gas y éstas variaron ampliamente hasta que el científico Charles David Keeling comenzó sus registros.

La curva de Keeling

Desde finales de la década de 1950, Keeling dirigió un programa para medir las concentraciones de CO2 en la atmósfera que ha continuado sin interrupción hasta la actualidad. Este programa, operado por el Instituto Scripps de Oceanografía, es responsable del registro del Observatorio Mauna Loa, que desde 1958 ha estado monitorizando y recolectando datos relacionados con la atmósfera.

A través de sus mediciones, Keeling pudo demostrar en solo un año o dos que el CO2 experimentaba un ciclo estacional regular en la atmósfera, causado principalmente por el ciclo estacional de crecimiento y descomposición de las plantas terrestres. Además, estos mismos registros mostraron un aumento regular a largo plazo impulsado por la quema de combustibles fósiles por parte de la industria y los cambios en el uso del suelo. Ambos hallazgos marcaron el comienzo de la “curva de Keeling” que se extiende a lo largo de seis décadas, uno de los registros geofísicos más importantes jamás realizados.

Éstas mediciones iniciales mostraron tasas de crecimiento de CO2 atmosférico promedio de cerca de 1 ppm por año en los años cincuenta y sesenta. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del siglo XXI, la tasa de crecimiento promedio fue de aproximadamente 2 ppm por año, mostrando una relación constante con la quema de combustibles fósiles, según los científicos del Programa de CO2 de Scripps. Para explicar esta notable relación, los expertos afirman que no se conocen fuentes naturales de CO2 suficientes para explicar el aumento reciente en la concentración de CO2 atmosférico. Además, no se conocen sumideros de CO2—un depósito natural o artificial de carbono, que absorbe el carbono de la atmósfera y contribuye a reducir la cantidad de CO2 del aire— suficientes para haber absorbido todo el CO2 de la quema de combustibles fósiles.

Por otro lado, el análisis de los datos de CO2 atmosférico recopilados por Scripps y otras organizaciones muestra que el CO2 aumenta a un ritmo aproximadamente 44% más lento de lo que se esperaría si todo el CO2 de la quema de combustibles fósiles permaneciera en el aire. “Este 44% faltante es absorbido tanto por los océanos como por la biosfera terrestre. Si lo continuarán absorbiendo a medida que las concentraciones continúen aumentando es una pregunta crítica y el tema de una intensa investigación internacional”, advierten.

Registros históricos y predicciones

“Sobre la base de los registros del núcleo de hielo, las concentraciones actuales de CO2 no tienen precedentes en, al menos, los últimos 650.000 años”, apuntan los científicos.

Actualmente, mediante reconstrucciones a partir de testigos de hielo polar—muestra cilíndrica de hielo que se obtiene mediante la perforación del suelo a diferentes profundidades—, el registro de Mauna Loa se puede ubicar en el contexto de las variaciones en CO2 de los últimos 400.000 años, explican los científicos. “El hielo polar actúa como una especie de ‘museo del aire’ que nos proporciona información sobre la composición de la atmósfera hasta hace más de medio millón de años en el pasado”, describen. “Típicamente, alrededor de 100 ml de aire están contenidos en cada 1 kg de hielo”.

Según los investigadores, las concentraciones de CO2 medidas a partir del hielo recogido en el glaciar Law Dome en la Antártida muestran que durante la edad de hielo, los niveles de CO2 fueron de alrededor de 200 ppm, y durante los períodos interglaciales más cálidos, los niveles fueron de alrededor de 280 ppm. En cambio, los niveles en 2005 fueron de alrededor de 378 ppm. “Sobre la base de los registros del núcleo de hielo, las concentraciones actuales de CO2 no tienen precedentes en, al menos, los últimos 650.000 años”, apuntan los científicos.

Y esto aún puede empeorar. Los científicos alertan de que si la tasa de quema de combustibles fósiles continúa aumentando en una trayectoria normal, hasta agotar las reservas en los próximos siglos, el CO2 continuará aumentando a niveles del orden de 1.500 ppm. “La atmósfera no volverá a los niveles preindustriales, incluso decenas de miles de años en el futuro”, sentencian. Así las cosas, si no se realizan esfuerzos serios para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, los científicos tienen claro que estamos en “el umbral de una nueva era de la historia geológica, una con un clima muy diferente al de nuestros antepasados”.

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